miércoles, 21 de febrero de 2007

Saint Martin's Club en la era de Flickr.com

Wanna sleep with common people?
Saint Martin’s Club en la era de Flickr.com

Por Andrés Jaque

© Andrés Jaque

Contacto:
oficina@andresjaque.com
Versión Ultima: 20.12.06
Escrito publicado en el número de febrero 2007 de la publicación periódica DECORATE




Las tendencias han muerto de aburrimiento. Tenemos delante Youtube.com y el diseño no volverá a ser lo mismo. El sueño de Beuys se ha cumplido. Por fin existen autopistas para la creatividad individual de los no-especialistas. Al asomarnos a los videos hechos en gimnasios de Alcorcón o a las reuniones de ghost-lolis en Shibuya vemos que nunca se ha producido tanto y tan bueno. Que el diseño y la creatividad han tomado una relevancia pública sin precedentes y que parece que el Club de Saint Martin’s School of Design ha perdido fuelle. El diseño se ha convertido en el vehículo para hacer visibles las particularidades de cada uno de nosotros, y también el canal para instalarlas en la realidad colectiva. En la esfera en que se toman las decisiones que construyen la sociedad que vivimos.

Si quieres ver algo nuevo, no pinches la web de Víktor & Rolf, mira lo que hace Sayano mezclando ropa de su abuela con unas Adidas del 78. Si quieres ver una casa bonita, no te aburras con más tarimas de iroco con rodapiés enrasados, vete a una fiesta en una casa de erasmus o visita un edificio okupado. El rol del diseñador ha cambiado. Ya no se trata de hacer el nuevo exprimidor singular para la casa de un ejecutivo de cuentas, sino de construir infraestructuras para que la creatividad y la ideología de los usuarios, incluido el ejecutivo, puedan contribuir a transformar el día a día. El diseño del nuevo milenio ya no es estilístico, sino político. Y tiene que ver con dar voz a los usuarios, para que sus códigos estéticos, sus expectativas, sus posicionamientos personales -por marcianos e irreconciliables entre sí que nos puedan parecer- convivan y estén representados en los objetos que producimos. Un cambio de paradigma para diseñadores mas preocupados por convocar al usuario y enrolarle en el proceso de diseño que por estilizarle. Y para diseños que, como las redes de hospitalidad de Hospitalityclub.com o Wikipedia, nos equipen con herramientas de cohesión, cooperación y producción de diversidad en el conocimiento. Y además que compartan con los consumidores las responsabilidades éticas que conlleva cualquier elección de diseño, como nos tienen acostumbrados los sistemas de etiquetado del fare-trade. Con los que podemos llegar a elegir cómo viven las vacas que algunos comemos. Dar voz, convocar, equipar a la comunidad con democracia y promover una monitorización crítica colectiva, son términos políticos que forman ya parte del contexto de los diseños más estimulantes que vemos aparecer cada día. Esto en lo que trabajamos en la Oficina de Innovación Política Andrés Jaque Arquitectos que dirijo desde el 2000. Con proyectos de transparencia urbana como el de la Cidade da Cultura de Santiago, edificios que crean vínculos afectivos con sus usuarios como la Teddy House o el Museo Postal de Bogotá, boulevares wiki como Esponja Democrática en Madrid y sistemas residenciales para ciudadanos con vidas cambiantes, como Mousse City o el sistema de Tupper-Homes, el Primer Chill-out Católico en Plasencia o el restaurante político Ojalá Awareness Club en el corazón de Malasaña. Y no es un rollo tardo-hippy ni una reivindicación contrasistema, la democracia vende. Cómo han demostrado el éxito de las tarjetas de fidelización de las grandes superficies y las campañas publicitarias que han colonizado internet , el éxito comercial depende de en qué medida un producto pueda convertirse en punto-de-paso-obligado del día a día de los individuos de una comunidad. Pero sobre todo, antes que cualquier otro argumento: no te apetece?

viernes, 2 de febrero de 2007

¿por qué sigo trabajando como lo hago, aunque todo parece ir en contra?

¿por qué sigo trabajando como lo hago, aunque todo parece ir en contra?
Respuesta a la pregunta formulada por Federico Soriano y Eduardo Arroyo.
por Andrés Jaque


publicado en el número 13 de la revista Fisuras. 2005

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Es verdad que el contexto de trabajo es difícil en una sociedad, la occidental, que mitifica el progreso pero desconfía de la innovación. Es verdad que el 86% del trabajo de los últimos cuatro años se ha quedado en el papel. En muchos casos no ha superado la resistencia de los arquitectos municipales que creen que, aunque cumplamos, hacemos cosas demasiado raras; de constructoras que, si pueden, ofertan repetir lo de siempre, de compañeros arquitectos que creen que la creatividad se aplica al espacio y a la forma y el resto lo deciden otros, a políticos que quieren exponer nuestras maquetas pero no construirlas.

Pero, aunque a ratos pueda resultar incómodo, a diferencia del arquitecto moderno, que pensaba que contaba con canales privilegiados de relación con la realidad (la ciencia, la razón) yo pienso que la arquitectura es una construcción social entre actores con ideologías, mecanismos de descripción y procedimientos de actuación y de gestión del riesgo diferentes. Y con intereses interrelacionados y enfrentados. La arquitectura ha pasado de ser una actividad basada en los hechos consumados, a ser una actividad de encuentro. Y la construcción de objetos de encuentro, es una actividad política. Soy consciente de que trabajo con objetos políticos: que serán mejores no si profundizan en mis intereses sino si pasan a formar parte de la vida de múltiples actores. Si obtienen alianzas y amistades, sin necesidad de unificar criterios estéticos, morales o económicos. Objetos parlamento que representen los intereses y perspectivas de todos los agentes a los que afectan, y que estabilicen alianzas duraderas entre ellos.

John Berger y Juan Muñoz cuentan cómo las comunidades de las montañas Kurdas cuando ven que algún lobo ha atacado sus granjas, se organizan en grupos y con antorchas van cerrando y reduciendo el cerco al lobo, hasta acorralarle. Cuando esto ocurre, en lugar de matarle, le colocan un cencerro atado al cuello. El cencerro es un objeto de consenso. Es el parlamento en que el lobo, la comunidad, las gallinas pactan un acuerdo. Todos ceden un poco, pero a cambio el pacto gana en durabilidad, porque en el fondo a todos les beneficia.

Soy consciente de que el material con el que se consolidan los pactos no son exclusivamente los proyectos de ejecución y que en cualquier caso es más lento trabajar con alianzas que con hechos consumados. Y creo que este convencimiento, además del ejercicio permanente de la ingenuidad planificada, es lo que me mantiene trabajando como lo hago.