Le Corbusier empresario, de la cocina de Yvonne al 35 de rue de Sèvres
Andrés Jaque 2006

escrito para la revista Minerva, Madrid
De la cocina de Yvonne al 35 de rue de Sèvres. Durante los últimos años treinta del siglo XX la vida, el pensamiento y la producción de Le Corbusier circulaba entre cuatro localizaciones geográfica e ideológicamente muy diferentes: 1.- El apartamento-estudiodepinturayescultura-minidespacho en las dos últimas plantas del edificio de viviendas de la Porte Molitor1 en París –en el que vivía junto a su mujer Yvonne Gallís-. 2.- El gimnasio-estudiodedanza de su hermano Albert –donde una vez por semana jugaba al baloncesto con su primo y socio en los proyectos de arquitectura, Pierre Jeanneret2-. 3.- Las playas próximas a Cap Martí -de vez en cuando pasaba allí unos días que no podemos decir que fuesen únicamente de descanso-. 4.- Su oficina de arquitectura en un pasillo de un antiguo monasterio jesuita en el 35 de la rue de Sèvres de París –desde 1922 desarrolló allí sus diseños y sus propuestas arquitectónicas y urbanísticas con Pierre Jeanneret y un equipo cambiante de colaboradores de distintas procedencias-. Por las mañanas pintaba y escribía en Porte Molitor, mientras Gallís cocinaba. Después de comer: diseño, arquitectura y urbanismo en rue de Sèvres. Y, ocasionalmente, paseos y natación en el Mediterráneo, y baloncesto en un gimnasio de París.
Una rutina en la que podemos encontrar muchos de los atributos de prestigio del hombre occidental. Deportista, creativo, familiar sin ser conservador y con tiempo libre para disfrutar de la naturaleza. Pero también urbano, ocupado en la construcción de la sociedad. Podríamos decir que influyente o, por lo menos, conectado a la red institucional en la que se deciden las cosas importantes. Una conexión animada por el trasvase creativo entre sus experiencias íntimas y el trabajo de su estudio. El trasvase entre la práctica sistemática de deportes de fondo y la construcción de sistemas compositivos basados en las proporciones del homme-type. De la disposición geométrica del color en el lienzo y su aplicación a la cualificación del espacio y la forma edificatoria. De la incorporación del horizonte, el movimiento del aire, los recorridos del agua y los ciclos solares en la experiencia del entorno mediterráneo y el diseño de objetos-tipo arquitectónicos que la optimizan. En otras palabras, los años treinta de Le Corbusier podrían describirse como el ejercicio de una cotidianeidad organizada para cultivar el individualismo y la singularidad, como material con que contribuir a la construcción de lo colectivo. O, ya que hablamos del siglo XX, una máquina para reconstruir contextos a partir de material de excepción.
Un rasgo característico del tiempo en que vivimos actualmente en Europa es que la experiencia personal de tener una identidad individual que definir, un destino que cumplir, ha superado la escala privada y se ha convertido en una fuerza política de grandes proporciones3. Las protestas, más o menos espontáneas, a la reciente guerra en Irak o el rápido desarrollo del sistema operativo Linux4 son ejemplos recurrentes que ilustran este fenómeno. Se ha escrito mucho sobre el romanticismo latente en las fuentes personales del trabajo de Le Corbusier y muy poco de cómo era la cadena de acontecimientos y dispositivos que conectaban estas fuentes con los procesos en que la sociedad se reconstruye. Es esta última labor crítica una de las que, en mi opinión, puede contribuir a incluir la experiencia de Le Corbusier en el encendido debate del papel de la arquitectura en la construcción de la Europa contemporánea.
Le Corbusier Empresario. Probablemente sea empresa5 la mejor palabra para definir los dispositivos con los que las experiencias individuales se inscriben en las esferas de realidad compartidas por la comunidad.6 Empresa es el objeto que articula las transformaciones de lo existente, lo que inserta el pensamiento en el día a día. Lo que en definitiva institucionaliza lo inicialmente marginal. Empresa, era la galería de Khanweiler, que hizo imprescindible colgar un Picasso en cualquier salón burgués con pretensiones intelectuales. Empresas son las asociaciones de gays y lesbianas, que han conseguido en España que la institución matrimonial represente a las parejas del mismo sexo. Empresa es Nike, que ha hecho que veamos la ciudad como un campo de deportes. Cualquier empresa tiene una dimensión económica e ideológica, pero también política.7 Una empresa desarrolla sus propias descripciones y diagnósticos de los contextos en los que opera, y también las estrategias de intervención sobre lo existente y los indicadores para evaluar la eficacia y la respuesta a la acción. A través de empresas consolidamos alianzas entre agentes con culturas e intereses en disputa y también a través de organizaciones empresariales extendemos el campo de lo posible; y es precisamente por esta razón por lo que en la Europa que nos ha tocado vivir, el cómo inyectar garantías democráticas en los objetos que permiten renderizar lo compartido inscribiéndole la experiencia individual, ha tomado relevancia política y el debate que genera se ha convertido en el principal elemento identitario de la joven Unión Europea. Apres le cubisme,8 Modulor,9 el pabellón de l’Esprit Nouveau10 y el catálogo de papeles pintados Salubra11 eran mediadores que diseñados para instalar en el día a día respectivamente las experiencias pictóricas del Le Corbusier de los años veinte (junto a Amédée Ozenfant), su visión del cuerpo tipo y una vida vinculada al aire renovado y su sensibilidad por los colores disonantes. De cada uno de estos objetos de mediación es posible recuperar diferentes construcciones políticas del papel de Le Corbusier como agente público. Es este el propósito de este artículo.
Tres mediaciones: la perspectiva cristalina, la herramienta simplificada, la cultura. Son muchos los autores que han encontrado en los paseos aéreos de Le Corbusier sobrevolando la costa de Río de Janeiro junto Antoine de Saint Éxupery, y también en sus vuelos en África, el origen de algunas de las novedosas propuestas urbanísticas del estudio de la rue de Sévres. La aviación despertaba la admiración de Le Corbusier desde sus años de l’Esprit Nouveau.12 En el número 10 de la revista que de 1919 a 1925 editó junto a Amédée Ozenfant y Paul Dermé (posteriormente incluido en Vers une architecture)13 bajo el título “Des yeux que no voient pas...” presentó junto a paquebotes, fotografías de Paestum sobre la imagen de un automóvil Humbert de 1907 y del Partenón sobre una imagen de catálogo de un Delage de 1921 y cuatro fotografías de aviones -dos de ellas realizadas desde el interior de aviones en vuelo-. Son también conocidos los bocetos de aviones en el aeródromo de Laghouat en 1933. Con los aviones, como con los coches producidos en serie, Le Corbusier ejemplificaba la capacidad de optimización que aportaba el pacto moderno entre los ingenieros y la organización taylorista del tejido industrial. La visión desde el aire del territorio y la posibilidad de contar con perspectivas privilegiadas desde las que se accedía a visiones totales de configuraciones urbanas imbricadas en redes territoriales, era probablemente el segundo desencadenante de la pasión del arquitecto por la cultura de la aviación. Las propuestas para Montevideo, Sâo Paolo, Río de Janeiro o Argel se hicieron públicas principalmente por medio de perspectivas aéreas, más o menos elaboradas, que presentaban las intervenciones a vista de pájaro incluidas en un paisaje natural. En 1923 en Vers un architecture decía: “Sin seguir una idea arquitectónica, sino simplemente guiados por los efectos del cálculo [...] los ingenieros emplean los elementos primarios y los coordinan según las reglas , provocando en nosotros emociones arquitectónicas.” Le Corbusier presenta al ingeniero como un agente con acceso a reglas universales y herramientas de cálculo eficaces para prever las implicaciones futuras de sus acciones.14 La perspectiva cristalina como figura interpuesta en la inserción social de las experiencias de gabinete, conlleva la creencia en que la descripción de la realidad, la detección de criterios de implementación, la definición de estrategias de intervención y la evaluación de los resultados de las acciones, no es una labor en que deba participar la sociedad en su conjunto. Para el Le Corbusier de las propuestas aéreas la ciudad era un asunto de expertos, expertos que con eficacia miran por el bien común.
En 1931 la compañía de papeles pintados Salubra publicó en Basilea una primera colección de papeles para paredes seleccionados por Le Corbusier.15 El catálogo se presentaba como una herramienta para trasladar las experiencias acumuladas por el arquitecto en sus trabajos pictóricos y también sus experiencias en la incorporación del color a la edificación. Un pequeño libro con muestras de los diferentes colores, disponibles en rollos, tratados con pintura al aceite, se ofrecía como un soporte que permitía a los usuarios prolongar la especulación iniciada por Le Corbusier, recortando trozos de las muestras y ensayando combinaciones personales, que posteriormente podrían aplicar a sus viviendas. Los colores de la paleta purista, los malvas, beiges, turquesas y marrón chocolate de la Villa la Roche, los tonos con los que Le Corbusier descompuso los volúmenes exteriores de las viviendas de Pessac, junto a patrones decorativos, que nos recordarían ahora a las superficies tramadas del cubismo sintético, se convertían en elementos disponibles para la recomposición y el ensayo. Sin embargo el catálogo Salubra, no conseguía trasladar los acontecimientos probablemente más relevantes del laboratorio de colores de Le Corbusier. No llevaba a la experiencia del usuario los colores descartados, ni las pruebas fallidas –los errores que habían emergido en la práctica-, tampoco equipaban al usuario con las dudas, las contradicciones o los temores de Le Corbusier. Como el interior de un ordenador, el catálogo ocultaba (cajanegrizaba tal como diríamos hablando de ordenadores) las grandes decisiones que definían en mayor medida la producción posible del sistema, para facilitarnos una utilización cómoda de un sistema ya consolidado. Unos años después, en 1946, Le Corbusier explicaba el papel que se reservaba en sus intervenciones urbanas. Estas palabras pueden ayudar a entender también la colaboración que esperaba del usuario de los papeles pintados: “tarde o temprano llega la hora en que el programa debe ser difundido, los técnicos poner manos a la obra y encargarse todos, según sus fuerzas, de una parte útil de la tarea: preparar a los usuarios a hacerse cargo de nuevos instrumentos. Preparados los conductores para velar por la realización de la experiencia con regularidad e intensidad suficientes.” 16
Entre 1947 y 1953 Le Corbusier trabajó en lo que sería una de sus tentativas empresariales: El Poema del Ángulo Recto,17 una serie de 19 litografías con una tirada de 200 ejemplares que posteriormente fue editada en forma de libro. En 1943 había abandonado Vichy, y también las esperanzas de llevar a cabo su plan para Argel. Mantenía el estudio de París, pero hacía años que no contaba con la asociación de Pierre Jeanneret. Sin expectativas de poder aplicar en un encargo directo los contenidos del poema, expone una serie de reflexiones sobre la relación del hombre con el cosmos, ilustradas con imágenes que recuperan algunos de sus iconos personales. Los meandros, los ciclos solares recorriendo la sección de la Unidad de Habitación, desnudos de Gallís, el hombre frente al horizonte mediterráneo, la mano abierta. Un trabajo sin líneas de acción directa, pero que muestra una cultura, una sensibilidad del hombre en el mundo, disponible para la apropiación. Es sobre todo una acción de apertura, una explicitación de su experiencia, un dispositivo que hace transparente y accesible el trabajo personal que alimenta sus propuestas públicas. En una de las litografías aparece el poema: “Soy un constructor/ de casas y palacios./ Vivo entre los hombres./ En medio de su madeja./ Enredada./ Hacer una arquitectura es/ hacer una criatura.” En otra junto a la imagen popular de la mano abierta escribe: “La mano abierta/ está abierta porque/ todo está disponible./ Abierta para recibir,/ abierta también para que cualquiera pueda cogerla.” Un constructor enredado entre los hombres con una cultura presentada de manera que cualquiera pueda cogerla y usarla. No más, pero tampoco menos.
Tres empresas como dispositivos interpuestos para la integración social del laboratorio personal de Le Corbusier: la perspectiva cristalina del experto, la herramienta simplificada y la exposición transparente de una cultura; que contienen, cada una, diferentes construcciones políticas, asociadas a una forma de entender la relación de la ciudadanía con el conocimiento. Construcciones políticas que ya forman parte de la Europa que disputamos en la actualidad.
En 1945, dos años antes de que Le Corbusier comenzase a trabajar en el poema, Paul Valery hablando de Europa escribía: “Nuestra esperanza es vaga, nuestro temor preciso”.18 Como ha señalado el politólogo británico Mark Leonard la reconstrucción de Europa no la encabezaron Churchill o De Gaulle, sino un grupo de burócratas anónimos que trabajaron para hacer desaparecer las armas del futuro horizonte europeo.19 Como Jean Monnet que equipado con una visión de cómo no tener una visión fue el artífice de la declaración Schuman, firmada por los gobiernos de Francia y Alemania en 1950: “Europa no se hará de una vez ni de acuerdo con un único plan general, sino a través de realizaciones concretas que empiecen a crear una unión de hecho.”20 Monnet había trabajado tras la Primera Guerra Mundial en la fracasada Sociedad de Naciones e intentó evitar comprometer el futuro de Europa al éxito de una idea ilusoria previa de comunidad internacional. En estos momentos la Unión Europea sigue sin privilegiar un modelo único de progreso humano. Los 80.000 folios de normativas aprobados desde la creación del Mercado Común en 1957, conocido como el acquis communitaire o hechos aceptados de la comunidad, pretenden crear el marco que garantice la convivencia pacífica de culturas distintas y rivales.21 La transparencia aparecía en la propuesta retirada del Tratado Para Instituir una Constitución Europea como una de las principales características de la unión.22 Frente a la imposición de un modelo de construcción de la cotidianeidad o un European way of life, Europa ha optado por crear un contexto de legalidad y monitorización colectiva, basado en el desarrollo de dispositivos e indicadores que permitan inscribir en lo comunitario las extensiones públicas de las acciones privadas.
Desde la perspectiva que nos da la experiencia europea la manera en que la individualidad se instala en la realidad colectiva ha tomado en la actualidad un protagonismo público sin precedentes. Y es también desde esta perspectiva desde la que reconocemos la importancia de establecer diferencias en las construcciones políticas que conllevan las tres empresas de Le Corbusier. Del planteamiento de visiones totalitarias, previas a la experiencia, formuladas desde perspectivas privilegiadas –aunque animadas por la búsqueda del bien común-, a los procesos que permiten equipar lo individual con dispositivos de transparencia que hagan posible prolongar en la arena pública las experiencias individuales, Le Corbusier se desplaza de la acción urgente a la creación de un contexto en que la acción colectiva se carga de representatividad. Es también el desplazamiento de la inclusión de los agentes no especializados como informantes en los procesos de diseño, al equipamiento del proceso de diseño para que los no expertos tomen el papel de actores con acceso a la toma de decisiones. Y probablemente es un desplazamiento coronado con la ansiada eficacia de la modernidad. Porque no sabemos si las ciudades europeas tendrán grandes infraestructuras para el tráfico de scooters, pero sí que los colores del Mediterráneo, el placer de observar los meandros después de una tormenta o de disfrutar del aire en movimiento en el interior de nuestras viviendas forman ya parte en Europa de algo que podríamos llamar la sensibilidad compartida o el campo de lo posible.
Andrés Jaque 2006
escrito para la revista Minerva, Madrid
De la cocina de Yvonne al 35 de rue de Sèvres. Durante los últimos años treinta del siglo XX la vida, el pensamiento y la producción de Le Corbusier circulaba entre cuatro localizaciones geográfica e ideológicamente muy diferentes: 1.- El apartamento-estudiodepinturayescultura-minidespacho en las dos últimas plantas del edificio de viviendas de la Porte Molitor1 en París –en el que vivía junto a su mujer Yvonne Gallís-. 2.- El gimnasio-estudiodedanza de su hermano Albert –donde una vez por semana jugaba al baloncesto con su primo y socio en los proyectos de arquitectura, Pierre Jeanneret2-. 3.- Las playas próximas a Cap Martí -de vez en cuando pasaba allí unos días que no podemos decir que fuesen únicamente de descanso-. 4.- Su oficina de arquitectura en un pasillo de un antiguo monasterio jesuita en el 35 de la rue de Sèvres de París –desde 1922 desarrolló allí sus diseños y sus propuestas arquitectónicas y urbanísticas con Pierre Jeanneret y un equipo cambiante de colaboradores de distintas procedencias-. Por las mañanas pintaba y escribía en Porte Molitor, mientras Gallís cocinaba. Después de comer: diseño, arquitectura y urbanismo en rue de Sèvres. Y, ocasionalmente, paseos y natación en el Mediterráneo, y baloncesto en un gimnasio de París.
Una rutina en la que podemos encontrar muchos de los atributos de prestigio del hombre occidental. Deportista, creativo, familiar sin ser conservador y con tiempo libre para disfrutar de la naturaleza. Pero también urbano, ocupado en la construcción de la sociedad. Podríamos decir que influyente o, por lo menos, conectado a la red institucional en la que se deciden las cosas importantes. Una conexión animada por el trasvase creativo entre sus experiencias íntimas y el trabajo de su estudio. El trasvase entre la práctica sistemática de deportes de fondo y la construcción de sistemas compositivos basados en las proporciones del homme-type. De la disposición geométrica del color en el lienzo y su aplicación a la cualificación del espacio y la forma edificatoria. De la incorporación del horizonte, el movimiento del aire, los recorridos del agua y los ciclos solares en la experiencia del entorno mediterráneo y el diseño de objetos-tipo arquitectónicos que la optimizan. En otras palabras, los años treinta de Le Corbusier podrían describirse como el ejercicio de una cotidianeidad organizada para cultivar el individualismo y la singularidad, como material con que contribuir a la construcción de lo colectivo. O, ya que hablamos del siglo XX, una máquina para reconstruir contextos a partir de material de excepción.
Un rasgo característico del tiempo en que vivimos actualmente en Europa es que la experiencia personal de tener una identidad individual que definir, un destino que cumplir, ha superado la escala privada y se ha convertido en una fuerza política de grandes proporciones3. Las protestas, más o menos espontáneas, a la reciente guerra en Irak o el rápido desarrollo del sistema operativo Linux4 son ejemplos recurrentes que ilustran este fenómeno. Se ha escrito mucho sobre el romanticismo latente en las fuentes personales del trabajo de Le Corbusier y muy poco de cómo era la cadena de acontecimientos y dispositivos que conectaban estas fuentes con los procesos en que la sociedad se reconstruye. Es esta última labor crítica una de las que, en mi opinión, puede contribuir a incluir la experiencia de Le Corbusier en el encendido debate del papel de la arquitectura en la construcción de la Europa contemporánea.
Le Corbusier Empresario. Probablemente sea empresa5 la mejor palabra para definir los dispositivos con los que las experiencias individuales se inscriben en las esferas de realidad compartidas por la comunidad.6 Empresa es el objeto que articula las transformaciones de lo existente, lo que inserta el pensamiento en el día a día. Lo que en definitiva institucionaliza lo inicialmente marginal. Empresa, era la galería de Khanweiler, que hizo imprescindible colgar un Picasso en cualquier salón burgués con pretensiones intelectuales. Empresas son las asociaciones de gays y lesbianas, que han conseguido en España que la institución matrimonial represente a las parejas del mismo sexo. Empresa es Nike, que ha hecho que veamos la ciudad como un campo de deportes. Cualquier empresa tiene una dimensión económica e ideológica, pero también política.7 Una empresa desarrolla sus propias descripciones y diagnósticos de los contextos en los que opera, y también las estrategias de intervención sobre lo existente y los indicadores para evaluar la eficacia y la respuesta a la acción. A través de empresas consolidamos alianzas entre agentes con culturas e intereses en disputa y también a través de organizaciones empresariales extendemos el campo de lo posible; y es precisamente por esta razón por lo que en la Europa que nos ha tocado vivir, el cómo inyectar garantías democráticas en los objetos que permiten renderizar lo compartido inscribiéndole la experiencia individual, ha tomado relevancia política y el debate que genera se ha convertido en el principal elemento identitario de la joven Unión Europea. Apres le cubisme,8 Modulor,9 el pabellón de l’Esprit Nouveau10 y el catálogo de papeles pintados Salubra11 eran mediadores que diseñados para instalar en el día a día respectivamente las experiencias pictóricas del Le Corbusier de los años veinte (junto a Amédée Ozenfant), su visión del cuerpo tipo y una vida vinculada al aire renovado y su sensibilidad por los colores disonantes. De cada uno de estos objetos de mediación es posible recuperar diferentes construcciones políticas del papel de Le Corbusier como agente público. Es este el propósito de este artículo.
Tres mediaciones: la perspectiva cristalina, la herramienta simplificada, la cultura. Son muchos los autores que han encontrado en los paseos aéreos de Le Corbusier sobrevolando la costa de Río de Janeiro junto Antoine de Saint Éxupery, y también en sus vuelos en África, el origen de algunas de las novedosas propuestas urbanísticas del estudio de la rue de Sévres. La aviación despertaba la admiración de Le Corbusier desde sus años de l’Esprit Nouveau.12 En el número 10 de la revista que de 1919 a 1925 editó junto a Amédée Ozenfant y Paul Dermé (posteriormente incluido en Vers une architecture)13 bajo el título “Des yeux que no voient pas...” presentó junto a paquebotes, fotografías de Paestum sobre la imagen de un automóvil Humbert de 1907 y del Partenón sobre una imagen de catálogo de un Delage de 1921 y cuatro fotografías de aviones -dos de ellas realizadas desde el interior de aviones en vuelo-. Son también conocidos los bocetos de aviones en el aeródromo de Laghouat en 1933. Con los aviones, como con los coches producidos en serie, Le Corbusier ejemplificaba la capacidad de optimización que aportaba el pacto moderno entre los ingenieros y la organización taylorista del tejido industrial. La visión desde el aire del territorio y la posibilidad de contar con perspectivas privilegiadas desde las que se accedía a visiones totales de configuraciones urbanas imbricadas en redes territoriales, era probablemente el segundo desencadenante de la pasión del arquitecto por la cultura de la aviación. Las propuestas para Montevideo, Sâo Paolo, Río de Janeiro o Argel se hicieron públicas principalmente por medio de perspectivas aéreas, más o menos elaboradas, que presentaban las intervenciones a vista de pájaro incluidas en un paisaje natural. En 1923 en Vers un architecture decía: “Sin seguir una idea arquitectónica, sino simplemente guiados por los efectos del cálculo [...] los ingenieros emplean los elementos primarios y los coordinan según las reglas , provocando en nosotros emociones arquitectónicas.” Le Corbusier presenta al ingeniero como un agente con acceso a reglas universales y herramientas de cálculo eficaces para prever las implicaciones futuras de sus acciones.14 La perspectiva cristalina como figura interpuesta en la inserción social de las experiencias de gabinete, conlleva la creencia en que la descripción de la realidad, la detección de criterios de implementación, la definición de estrategias de intervención y la evaluación de los resultados de las acciones, no es una labor en que deba participar la sociedad en su conjunto. Para el Le Corbusier de las propuestas aéreas la ciudad era un asunto de expertos, expertos que con eficacia miran por el bien común.
En 1931 la compañía de papeles pintados Salubra publicó en Basilea una primera colección de papeles para paredes seleccionados por Le Corbusier.15 El catálogo se presentaba como una herramienta para trasladar las experiencias acumuladas por el arquitecto en sus trabajos pictóricos y también sus experiencias en la incorporación del color a la edificación. Un pequeño libro con muestras de los diferentes colores, disponibles en rollos, tratados con pintura al aceite, se ofrecía como un soporte que permitía a los usuarios prolongar la especulación iniciada por Le Corbusier, recortando trozos de las muestras y ensayando combinaciones personales, que posteriormente podrían aplicar a sus viviendas. Los colores de la paleta purista, los malvas, beiges, turquesas y marrón chocolate de la Villa la Roche, los tonos con los que Le Corbusier descompuso los volúmenes exteriores de las viviendas de Pessac, junto a patrones decorativos, que nos recordarían ahora a las superficies tramadas del cubismo sintético, se convertían en elementos disponibles para la recomposición y el ensayo. Sin embargo el catálogo Salubra, no conseguía trasladar los acontecimientos probablemente más relevantes del laboratorio de colores de Le Corbusier. No llevaba a la experiencia del usuario los colores descartados, ni las pruebas fallidas –los errores que habían emergido en la práctica-, tampoco equipaban al usuario con las dudas, las contradicciones o los temores de Le Corbusier. Como el interior de un ordenador, el catálogo ocultaba (cajanegrizaba tal como diríamos hablando de ordenadores) las grandes decisiones que definían en mayor medida la producción posible del sistema, para facilitarnos una utilización cómoda de un sistema ya consolidado. Unos años después, en 1946, Le Corbusier explicaba el papel que se reservaba en sus intervenciones urbanas. Estas palabras pueden ayudar a entender también la colaboración que esperaba del usuario de los papeles pintados: “tarde o temprano llega la hora en que el programa debe ser difundido, los técnicos poner manos a la obra y encargarse todos, según sus fuerzas, de una parte útil de la tarea: preparar a los usuarios a hacerse cargo de nuevos instrumentos. Preparados los conductores para velar por la realización de la experiencia con regularidad e intensidad suficientes.” 16
Entre 1947 y 1953 Le Corbusier trabajó en lo que sería una de sus tentativas empresariales: El Poema del Ángulo Recto,17 una serie de 19 litografías con una tirada de 200 ejemplares que posteriormente fue editada en forma de libro. En 1943 había abandonado Vichy, y también las esperanzas de llevar a cabo su plan para Argel. Mantenía el estudio de París, pero hacía años que no contaba con la asociación de Pierre Jeanneret. Sin expectativas de poder aplicar en un encargo directo los contenidos del poema, expone una serie de reflexiones sobre la relación del hombre con el cosmos, ilustradas con imágenes que recuperan algunos de sus iconos personales. Los meandros, los ciclos solares recorriendo la sección de la Unidad de Habitación, desnudos de Gallís, el hombre frente al horizonte mediterráneo, la mano abierta. Un trabajo sin líneas de acción directa, pero que muestra una cultura, una sensibilidad del hombre en el mundo, disponible para la apropiación. Es sobre todo una acción de apertura, una explicitación de su experiencia, un dispositivo que hace transparente y accesible el trabajo personal que alimenta sus propuestas públicas. En una de las litografías aparece el poema: “Soy un constructor/ de casas y palacios./ Vivo entre los hombres./ En medio de su madeja./ Enredada./ Hacer una arquitectura es/ hacer una criatura.” En otra junto a la imagen popular de la mano abierta escribe: “La mano abierta/ está abierta porque/ todo está disponible./ Abierta para recibir,/ abierta también para que cualquiera pueda cogerla.” Un constructor enredado entre los hombres con una cultura presentada de manera que cualquiera pueda cogerla y usarla. No más, pero tampoco menos.
Tres empresas como dispositivos interpuestos para la integración social del laboratorio personal de Le Corbusier: la perspectiva cristalina del experto, la herramienta simplificada y la exposición transparente de una cultura; que contienen, cada una, diferentes construcciones políticas, asociadas a una forma de entender la relación de la ciudadanía con el conocimiento. Construcciones políticas que ya forman parte de la Europa que disputamos en la actualidad.
En 1945, dos años antes de que Le Corbusier comenzase a trabajar en el poema, Paul Valery hablando de Europa escribía: “Nuestra esperanza es vaga, nuestro temor preciso”.18 Como ha señalado el politólogo británico Mark Leonard la reconstrucción de Europa no la encabezaron Churchill o De Gaulle, sino un grupo de burócratas anónimos que trabajaron para hacer desaparecer las armas del futuro horizonte europeo.19 Como Jean Monnet que equipado con una visión de cómo no tener una visión fue el artífice de la declaración Schuman, firmada por los gobiernos de Francia y Alemania en 1950: “Europa no se hará de una vez ni de acuerdo con un único plan general, sino a través de realizaciones concretas que empiecen a crear una unión de hecho.”20 Monnet había trabajado tras la Primera Guerra Mundial en la fracasada Sociedad de Naciones e intentó evitar comprometer el futuro de Europa al éxito de una idea ilusoria previa de comunidad internacional. En estos momentos la Unión Europea sigue sin privilegiar un modelo único de progreso humano. Los 80.000 folios de normativas aprobados desde la creación del Mercado Común en 1957, conocido como el acquis communitaire o hechos aceptados de la comunidad, pretenden crear el marco que garantice la convivencia pacífica de culturas distintas y rivales.21 La transparencia aparecía en la propuesta retirada del Tratado Para Instituir una Constitución Europea como una de las principales características de la unión.22 Frente a la imposición de un modelo de construcción de la cotidianeidad o un European way of life, Europa ha optado por crear un contexto de legalidad y monitorización colectiva, basado en el desarrollo de dispositivos e indicadores que permitan inscribir en lo comunitario las extensiones públicas de las acciones privadas.
Desde la perspectiva que nos da la experiencia europea la manera en que la individualidad se instala en la realidad colectiva ha tomado en la actualidad un protagonismo público sin precedentes. Y es también desde esta perspectiva desde la que reconocemos la importancia de establecer diferencias en las construcciones políticas que conllevan las tres empresas de Le Corbusier. Del planteamiento de visiones totalitarias, previas a la experiencia, formuladas desde perspectivas privilegiadas –aunque animadas por la búsqueda del bien común-, a los procesos que permiten equipar lo individual con dispositivos de transparencia que hagan posible prolongar en la arena pública las experiencias individuales, Le Corbusier se desplaza de la acción urgente a la creación de un contexto en que la acción colectiva se carga de representatividad. Es también el desplazamiento de la inclusión de los agentes no especializados como informantes en los procesos de diseño, al equipamiento del proceso de diseño para que los no expertos tomen el papel de actores con acceso a la toma de decisiones. Y probablemente es un desplazamiento coronado con la ansiada eficacia de la modernidad. Porque no sabemos si las ciudades europeas tendrán grandes infraestructuras para el tráfico de scooters, pero sí que los colores del Mediterráneo, el placer de observar los meandros después de una tormenta o de disfrutar del aire en movimiento en el interior de nuestras viviendas forman ya parte en Europa de algo que podríamos llamar la sensibilidad compartida o el campo de lo posible.
Notas:
1.- Le Corbusier y Jeanneret, Pierre. Edificio de Viviendas en la Porte Molitor. 1933 (rue Nungesser-et-Coli 75016 Paris).
2.- En 1922 Charles Édouard Jeanneret, Le Corbusier, se asoció con su primo Pierre Jeanneret e inauguraron un estudio de arquitectura y urbanismo en el 35 de la rue de Sèvres de París. Pierre se ocupaba del desarrollo de proyectos y del trato con los clientes del estudio. Al comenzar la Segunda Guerra Mundial trasladaron el estudio a Ozón, Pirineos Franceses; hasta 1940 en que Pierre Jeanneret se une a la Resistencia Suiza y Charles Édouard se traslada a Vichy, donde trabaja hasta 1947.
3.- Giddens, Anthony. Modernidad e identidad del yo. (Barcelona: 1995).
4.- Himanen, Pekka. La ética del hacker y el espíritu de la era de la información. (Barcelona: Ediciones Destino. 2001).
5.- Es importante definir el término ‘empresa’ y señalar su relevancia política porque pretendo recortar de la compleja producción documentada de Le Corbusier tres objetos que entran dentro de esta categoría y exponer las implicaciones políticas implícitas en ellos.
6.- Cuando en este artículo se habla de la ‘construcción de lo común’, o de la ‘esfera compartida’ o de ‘lo colectivo’ me refiero a los procesos de construcción social de la realidad descritos por Berger y Kuckman en La construcción social de la realidad. Peter L. y Luckmann, Thomas. La construcción social de la realidad. (Buenos Aires: Amorrortu Editores. 1968).
7.- La utilización en este artículo del término ‘político’ corresponde a la definición expuesta por Carl Schmitt del mismo en El concepto de lo político. Para Schmitt políticos son los objetos mediante los cuales se gestionan alianzas entre agentes con ideologías, intereses, morales e incluso códigos estéticos diferentes sin necesidad de llegar a consensos en ninguna de las categorías anteriores, ante la posibilidad de un conflicto violento. Schmitt, Carl. El concepto de lo político. (Madrid: Alianza Editorial).
8.- Jeanneret, Charles Édouard y Ozenfant, Amédée. Après le cubisme. (París: Éditions des Commentaires, 1918.
9.- Jeanneret, Charles Édouard. Le Modulor. (París: Éditions de l’Architecture d’aujourd’hui. 1950).
10.- Jeanneret, Charles Édouard y Jeanneret, Pierre. Pavillon de l’Esprit Nouveau. (París: 1925, reconstruido en 1977).
11.- Jeanneret, Charles Édouard. Claviers de coleurs Salubra 2. (Basilea: 1959).
12.- De 1919 a 1925 Le Corbusier editó en París junto a Amédée Ozenfant y Paul Dermé la revista l’Esprit Nouveau. La cultura de la industria.
13.- Jeanneret, Charles Édouard. Vers une architecture. (París: Les Éditions G. Crés et Cie. 1923).
14.- Sobre este tema ver: Torres Cueco, Jorge. Le Corbusier: visiones de la técnica en cinco cuerpos. (Barcelona: Fundación Caja de Arquitectos. 2004).
15.- Sobre este tema ver: AA.VV. Polychromie architecturale, Les claviers de coleurs de Le Corbusier de 1931 et de 1959. (Basilea, Boston y Berlín: Birkhäuser. Verlag. 1997).
16.- Charles Édouard Jeanneret. Manière de penser l’urbanisme. (París: Éditions de l’Architecture d’Aujourdd’hui. 1946).
17.- Charles Édouard Jeanneret. Le poème de l’angle droit. (París: Éditions Verve. 1955).
18.- Valery, Paul. On European civilization and the European mind. (1921).
19.- Leonard, Mark. Why Europe will run the 21st century. (Londres. 2005).
20.- Schuman, Robert. Declaración Schuman. (9 de mayo de 1950).
21.- Leonard, Mark. Combine and conquer. (Nueva York: Wired. Junio 2003).
22.- Sobre el papel de la transparencia en la esfera pública ver: Stiglitz, Joseph y Chang, Ha-Joon. On Liberty, the Right to Know and Public Discourse: The Role of Transparency in Public Life. [London 2001].