lunes, 30 de abril de 2007

Sentimentalismo y arquitectura














sentimental-world

Ya empiezan a estar los primeros reasultados del Taller de Diseño y Sentimentalismo: TE ODIO/AMO TANTO que han dirigido en el PROGRAMA INTERNACIONAL de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá Andrés Jaque y Carlos Trilnick las dos últimas semanas. Podéis consultar el blog http:/teodioamotanto.blogspot.com (con la marcha del taller y las conferencias de Bridgitte Baptiste y Omar Rincón), y en grupos los links al trabajo de cada alumno. Podéis ver algunos trailers de formatos televisivos en:

Amor descerebrado: (CULEBRÓN en que una mujer play pierde su cerebro en un accidente fortuíto y lo sustituye por un libro de escritos de Le Corbusier). http://www.youtube.com/watch?v=rsn_LnRhu5Y

Cenizas de pasión: (Una serie de objetos y sistemas tecnológicos cotidianos construyen una trama de pasión e intriga, en un formato típico de TELEFILM).
http://www.youtube.com/watch?v=3EsIggqwxAM

Amor cuca en tiempos de arrecho: (HISTORIA MORALIZANTE, sobre la mitigación del deseo sexual por mediación del deporte y el romanticismo).
http://www.youtube.com/results?search_query=amor+cuca
Pronto más.

lunes, 2 de abril de 2007

La maleta parlamento:
ordinariez y experimentos en la Europa unida en la diversidad.


por Andrés Jaque
escrito para la revista NEUTRA

En Dinamarca en lugar de convocar un concurso de ideas, una fundación pública ha abierto el Harbourshop, una tienda de proyectos itinerante que comercializa las propuestas para espacios portuarios de más de cincuenta arquitectos. Para Andrés Jaque, arquitecto especializado en proyectos políticamente innovadores, la manera en que el Harbourshop instala a un público diverso en los procesos experimentales en los que la ciudad se construye, es sintomático de un cambio de paradigma en el rol del arquitecto en la Europa que pretende unirse en la diversidad. Un arquitecto diferente que en lugar de homegeneizar, diversifica y en lugar de movilizar su propia cultura, da voz y canaliza las sensibilidades de las que la realidad esta compuesta.


I
Arquitectura-Parlamento

Preguntarse si una mujer educada en Madrás, budista y tetrapléjica está tan ‘representada’ por los veinticuatro peldaños que dan acceso a Saint Paul’s Cathedral como el Príncipe Charles –miembro de la iglesia anglicana, amante de los órdenes clásicos y jugador de polo en sus ratos libres-, es suficiente para hacerse una idea de la dimensión política de las decisiones arquitectónicas.1 De igual manera que los pesados llaveros de los hoteles ‘representan’ (como un diputado representa a sus votantes) simultáneamente el interés del director del hotel por que las llaves no se pierdan y el del huésped por salir rápidamente del hotel sin cargas molestas en sus bolsillos;2 los objetos arquitectónicos pueden ser ‘parlamentos’ que, sin necesidad de consensuar los criterios divergentes de los diferentes agentes a los que afectan, creen marcos en los que la convivencia de sensibilidades e intereses en disputa pueda ser duradera y no demasiado violenta.3
En la Europa unida en la diversidad, empezamos a notar cómo el deseo de participar con impulsos individuales, con culturas personales –incluso con las que puedan parecer cutres, horteras, cursis o afectadas-,4 en la construcción de la esfera colectiva –ese templo hasta ahora reservado a las cosas serias, a la razón de estado y al inequívoco saber de los expertos- ha tomado una dimensión pública sin precedentes.5 Lo hemos visto en las recientes convocatorias a manifestarse contra la intervención aliada en Irak o en el rápido éxito de soportes disponibles para la exposición de la intimidad –fotoblogs, flickr.com o yourtube.com-. Algo está cambiando; hasta hace poco aprendíamos a vivir como estereotipados treintañeros californianos viendo cada semana Melrose Place;6 y ahora, entre capítulo y capítulo de... digamos House, tendemos a dedicar tiempo a mostrar, a una comunidad de desconocidos, nuestra colección de falsificaciones de Hello Kitty o cómo terminó el cumpleaños de nuestra profesora de taekwondo. Y con la práctica sistemática de mostrar y difundir los ensayos de nuestro día a día, creamos redes de vínculos con cibernautas ociosos: redes de afecto, de intercambio, de odio y de conflicto. En definitiva construimos ese tipo de cosas que, desde hace tiempo, llamamos ‘sociedad’.7
Cómo reconstruir el rol del arquitecto y los protocolos por los que el medio se define en la Europa pos-ilustrada -en una Europa que, en lugar de intentar homogeneizar el mundo sobre la base de un relato de positivismo y progreso,8 se fortalece cultivando su resiliencia- es el propósito del trabajo que desde hace unos años realizamos en la oficina de arquitectura que dirijo. Y es desde este interés por explorar canales arquitectónicos por los que la diversidad de la que la realidad está hecha llegue a instalarse en el día a día, desde el que me gustaría presentaros la reciente experiencia del Harbourshop.

II
Harbourshop


En 2003 el Comité de Arquitectura de la Fundación Danesa de las Artes lanzó una cyber-petición de propuestas arquitectónicas para siete localizaciones urbanas de las extensas líneas de costa danesa.9 No era un concurso. Ningún jurado tuvo que precipitar un dictamen sobre las ciento veintidós propuestas recibidas. El comité de arquitectura convocó a los arquitectos que respondieron a la petición a cinco jornadas de trabajo. Agrupados en ocho equipos,10 acompañados por arquitectos extranjeros -invitados para la ocasión como observadores externos- y por un número variable de asistentes, desarrollaron proyectos a partir del material presentado. Cada grupo trabajó en una línea de propuestas que, finalmente, el comité incluyó en un catálogo comercial, no muy diferente a los catálogos de Media Markt. Propuestas como Floats,11 un sistema de elementos flotantes, adaptables a programas de uso diversos, disponibles en propiedad o en alquiler –incluso en alquiler para eventos por periodos de tiempo muy cortos-, y con opciones de agrupación variadas. O como Coast Boosters,12 una línea de diseño de barcos equipados para convertirse en centros de actividad infantil. O Transzone, un protocolo de acción para, liberando y dando acceso público y visibilidad a los espacios portuarios, e instalando en ellos mecanismos de comunicación -basados en las narrativas históricas secuenciales- y redes infraestructurales disponibles para el plug-in, optimizar su potencial funcional y su carácter público.
Como en otros lugares de Europa, desde los años 90 los arquitectos daneses han visto cómo el número de concursos de ideas con posibilidades de terminar en algo construido se ha reducido significativamente. Y, en su lugar, las instituciones públicas optan, en sus programas de renovación y desarrollo, por la combinación de concursos de selección curricular, para seleccionar equipos de diseño en la gran masa de encargos regulares, y contratos a oficinas internacionales de referencia, en lo que habitualmente conocemos como actuaciones singulares.
En el verano de 2003, cuando todo esto empezó, probablemente muchos prometedores arquitectos daneses, en muchos casos dedicados digamos que casi exclusivamente a la enseñanza, se quejaban de cómo el país se construía y reconstruía por la aplicación que grandes consultorías hacían de modelos hace tiempo injustificadamente consolidados. Con proyectos con los que sus alumnos, a la luz de criterios intradisciplinares, ni siquiera rozarían el aprobado. Proyectos sin embargo que, de alguna manera, eran capaces de generar la confianza pública que ellos echaban de menos para su trabajo.
Como respuesta a esta situación, entre mayo y agosto de 2004 la Fundación Danesa de las Artes, bajo la cobertura de la creada-para-la-ocasión Harbourshop, organizó un programa de exposiciones y presentaciones del catálogo en diez ciudades portuarias del país. Habourshop, que sigue activa en http://www.harbourshop.dk/, ofrece a promotores públicos y privados la posibilidad de elegir intervenciones para sus puertos entre las opciones de diseño, de pequeña escala y riesgo reducido, que desarrollaron los ocho grupos. Mostrando en muchos casos el aspecto final del producto y el coste global de la operación. Para Soren Ole Sorensen, agente comercial involucrado en el proceso, el gran hallazgo del Harbourshop y de su catálogo es que está pensado para estimular y crear el marco propicio para canalizar el deseo de experimentación de los responsables municipales, de los inversores, de las autoridades del puerto y de los ciudadanos en general. Por ejemplo, una de las propuestas del catálogo, Floats, se presenta como un maletín que abierto crea un diorama a escala de una posible localización portuaria. Si se apoya en una mesa la parte horizontal recrea un plano de agua y una línea de costa. La tapa articulada del maletín es como el fondo de un belén y hace de fondo del diorama. Con la maleta, cualquiera puede ensayar las diferentes configuraciones de las unidades flotantes. Tener una primera imagen de qué pasa si se ponen más piezas, o más dispersas, si se colocan a lo largo de la costa o como una isla independiente. Autoridades públicas, promotores y ciudadanos en general saben que algo hay que hacer con el puerto, pero ninguno con seguridad qué es lo que hay que hacer. El catálogo y la maleta de Floats proporcionan una herramienta que permite a los no diseñadores enrolarse y formar parte de ese proceso que solemos llamar proceso de diseño; y en cualquier caso las acciones arquitectónicas que genera son tan pequeñas y tan transformables que el posible error no es irreversible. Una generación de proyectos de poca entidad que, frente a la posibilidad de concentrar la capacidad de intervención de una ciudad en una obra singular abalada por experiencias de referencia (llamemos a Ghery que en Bilbao funcionó), permite prolongar la acción en una cadena de ensayos en los que la ciudad cambiará, y también podrá evaluar, discutir y volver a probar otras muchas veces, sin consumir ni su línea de costa, ni su presupuesto.

Esta historia no ha concluido, de momento, con el esperado happy-end. No hay noticias de que ninguna de las propuestas del Harbourshop, después de dos años de presentaciones, haya convencido tanto como para alcanzar el siguiente nivel experimental. Pero la experiencia, que de momento queda como una brillante exposición en la 9ª Muestra de Arquitectura de la Bienal de Venecia, es un claro síntoma en un cambio de tendencia. Una posible transformación del rol del arquitecto en el mismo seno de la Unión Europea. Una transformación, que frente al proyecto moderno de establecer un sistema ideológico unificado y gestionado por una élite de expertos dotados de una forma privilegiada de mirar y actuar sobre la realidad, pretende hacer públicos y representados los procesos por los que hacemos aparecer nuestro día a día.13 Un rol para el arquitecto, que sustituye la puesta en forma de la perspectiva cristalina disciplinar, por la creación de marcos para que voces -en muchos casos marginales y necesariamente contradictorias y en conflicto- se instalen en la ciudad. Una transformación que creo que es precisamente de lo que va desde sus inicios la Unión Europea.

III
Arquitectura es la sociedad representada
La suspensión empírica de la ideología

Como cuenta Mark Leonard la reconstrucción de Europa tras la Segunda Guerra Mundial no la encabezaron Churchill o De Gaulle, sino un grupo de burócratas anónimos que trabajaron para hacer desaparecer las armas del futuro horizonte europeo.14 Jean Monnet, con una visión de cómo no tener una visión, fue el artífice de la declaración Schuman, firmada por los gobiernos de Francia y Alemania en 1950. “Europa no se hará de una vez, ni de acuerdo con un único plan general, sino a través de realizaciones concretas que empiecen a crear una unión de hecho.”15 Monnet había trabajado tras la Primera Guerra Mundial en la fracasada Sociedad de Naciones e intentó evitar comprometer el futuro de Europa al éxito de una idea ilusoria previa de comunidad internacional. La declaración Schuman, para muchos el origen de la Unión Europea, proponía la experiencia compartida como capital con que generar cohesión entre los ciudadanos Europeos. Si ensayamos nuestra vida entre muchos, en el proceso de definir problemas, crear el marco crítico en el que pueden gestionarse, utilizar estos marcos y evaluar su evolución, terminaremos creando vínculos entre nosotros, construiremos una unión de hecho. Los 80.000 folios de normativas aprobados en la Unión Europea desde la creación del Mercado Común en 1957, conocido como el acquis communitaire o hechos aceptados de la comunidad, no podrían definirse como un ilusionante manifiesto sobre la búsqueda colectiva o individual de la felicidad, no es tampoco el definitivo proyecto de emancipación de los pobres del mundo, ni un protocolo de redención y santidad. Los hechos aceptados son la memoria de una experiencia colectiva, y no tiene un argumento fácil de contar. Una experiencia de convivencia de culturas distintas iluminada por lo que podríamos llamar en mayor o menor medida la suspensión empírica de la ideología.16 Como ocurriría con la costa danesa si la Harbourshop terminara aplicándose, en términos generales Europa se ha convertido en el territorio que aspira a construirse con pequeños ensayos en disputa, de resultados siempre provisionales.
Y ¿por qué todo esto?. ¿Por qué en estos momentos puede interesar que un grupo de arquitectos en lugar de presentar una propuesta concreta, presenten una maleta que haga posible que cualquiera ensaye propuestas con las que errar no es demasiado costoso? En mi opinión, porque como dijo Jorn Utzon refiriéndose a Dinamarca “ las aguas de los puertos forman parte de los cuartos de estar ordinarios de la gente”. Lo público, en una sociedad democrática, está conectado con lo singular. Y lo íntimo puede ser el material con el que en parte construyamos nuestra sociedad.17 En realidad nunca hemos sido revolucionarios. “En ningún momento la fuerza del siglo se cifró en la revolución. En ninguna parte se cambian los lugares arriba y abajo; nada que estuviera a la cabeza se puso a los pies; (...) Por el contrario, en todas partes se llevaron a primer plano cosas pertenecientes al trasfondo, en frentes innúmeros se fomentó la manifestación de lo latente. Lo que pudo explorarse, explotarse, investigarse mediante perforaciones de profundidad, intervenciones e hipótesis invasivas, llegó a los depósitos de combustible, al texto impreso, a los balances de negocios.”18 En algún lugar había parejas del mismo sexo antes de que formasen parte del código civil, en algún lugar alguien diseñaba con el presupuesto antes de que Lacaton y Vassal se hiciesen visibles en las revistas de arquitectura, el agujero de ozono llevaba años creciendo cuando se convirtió en un asunto público y empezó a ser considerado en las acciones sobre el territorio. Durante mucho tiempo los arquitectos hemos pensado que nuestro trabajo consistía en crear nuevas realidades, nuevas formas de vida, nuevas tecnologías. Pero probablemente lo que recordamos de la modernidad es su fugaz espejismo de novedad, no son sus discursos universales, ni su fe en la redención por el progreso tecnológico, sino cómo dio nombre, cómo hizo visibles (cómo instaló en el mundo de lo colectivo) realidades hasta entonces marginales.19 Ahora nos damos cuenta de que es posible con una maleta iniciar un experimento inclusivo. Un experimento al que realidades no privilegiadas puedan llegar a enrolarse; y a través del cual podamos traer al lugar en el que se toman las decisiones públicas, donde se investiga, donde se crean categorías, donde se producen los textos impresos, donde se definen intervenciones sobre la ciudad; las realidades, sensibilidades, mecanismos de evaluación, y también las tecnologías, que forman parte de nuestros trasfondos. En definitiva, ¿por qué no pensar, después de darle tantas vueltas, que arquitectura podría simplemente ser la misma sociedad representada?





Notas:

1.- La utilización en este artículo del término ‘político’ corresponde a la que hace del mismo el politólogo Carl Schmitt en su ensayo traducido al español como “El concepto de lo político”. Para Schmitt políticos son los procesos mediante los cuales se gestionan alianzas entre agentes con ideologías, intereses, morales e incluso códigos estéticos diferentes sin necesidad de llegar a consensos en ninguna de las categorías anteriores, ante la posibilidad real de que el desencuentro desemboque en un conflicto violento. Schmitt, Carl. El concepto de lo político. (Madrid: Alianza Editorial).
2.- Los antiguos llaveros de las habitaciones de hotel han sido objeto de estudio por parte del filósofo Bruno Latour; y le han servido para exponer una visión simétrica entre humanos y no humanos de los procesos de innovación tecnológica. Latour, Bruno. “La tecnología es la sociedad hecha para que dure”. En M. Domènech y F. J. Tirado, Sociología simétrica. (Barcelona, 1998).
3.- La extensión de este artículo no me permite explicar por qué creo que la dimensión política de la arquitectura está tomando una importancia creciente en la Europa actual. Puede encontrarse esta explicación en: Jaque, Andrés. “Políticas del Daily Life. Siempre es verano en la Teddy House” (pp. 22-27 Pasajes de arquitectura y crítica. n.69 Madrid septiembre 2005).
4.- Esto ocurre incluso en aspectos tecnológicos y figurativos. Pensemos por ejemplo ¿cuantas comisarías tienen visillos de ganchillo en sus ventanas?, o ¿cuantos medicamentos utilizan tipos kunstler script en sus paquetes y folletos? .
5.- Giddens, Anthony. Modernidad e identidad del yo. (Barcelona, 1995).
6.- Sobre el papel de la televisión en la construcción de la cotidianeidad genérica en la sociedad contemporánea es especialmente brillante y seductor el trabajo del narrador estadounidense David Foster Wallace. “[La televisión] Es un indicador increíble de lo genérico. Si queremos saber qué es la normalidad –es decir, lo que los americanos perciben como normal- podemos confiar en la televisión. Porque la razón misma de ser de la televisión es reflejar lo que la gente quiere ver. Es un espejo. No el espejo stendhaliano que refleja el cielo azul y el charco de barro. Más bien el espejo iluminado del baño ante el cual el adolescente calibra sus bíceps y decide cual es su mejor perfil.” Wallace, David F. “E nibus pluram: television y narrativa americana”. Incluido en Wallace, David F. Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer. (Barcelona, 2001).
7.- Jaque, Andrés. “De la ciudad sincronizada a la ciudad de la representación” incluido en Fernández, Horacio y Jaque, Andrés. Ciudad. PH05 (Madrid, 2005).
8.- Sloterdijk, Peter. Si Europa despierta. Reflexiones sobre el programa de una potencia mundial en el fin de la era de su ausencia política. (Valencia, 2004).
9.- Las siete localizaciones eran Kobenhavn, Aalborg, Arhus, Esbjerg, Nyborg, Korsor y Kalundborg.
10.- Ocho grupos formados cada uno por cinco o seis arquitectos daneses, uno o dos arquitectos extranjeros y dos o tres asistentes. Todos los equipos se reunieron en Copenhague entre el 20 y el 24 de agosto de 2003. Cada uno trabajó en uno de los ocho temas en torno a los que se agruparon las propuestas recibidas. Los ocho temas eran: ephemera, floats, punctuations, transzone, implaceables, interweaving, interlacing, anchoring.
11.- www.floats.dk
12.- http://www.coastbooster.dk/
13.- Sobre este tema creo que la lectura de La sociedad transparente de Vattimo puede ser oportuna. Vattimo, Gianni. La sociedad transparente. (Barcelona, 1990).
14.- Leonard, Mark. Why Europe will run the 21st century. (Londres, 2005).
15.- Schuman, Robert. Declaración Schuman. (9 de mayo de 1950).
16.- En este sentido resulta oportuno recordar la insistencia del filósofo Slavoj Zizek por la necesidad de un cambio en el marco socio-político contemporáneo. En su opinión, en estos momentos no es oportuno desarrollar directrices políticas dentro del marco político existente, sino de politizar, en el sentido ya explicado anteriormente, el ejercicio cotidiano de la ética. Zizek, Slavoj y Daly, Glyn. Arriesgar lo imposible. Conversaciones con Glyn Daly. (Madrid, 2006).
17.- Peter L. y Luckmann, Thomas. La construcción social de la realidad. (Buenos Aires, 1968).
18.- Sloterdijk, Peter “Nunca hemos sido revolucionarios” en Esferas III. Espumas. (Madrid, 2006).
19.- Es también el filósofo Peter Sloterdijk el que explica en muchos de sus trabajos cómo lo específico de la modernidad no fue tanto su espíritu revolucionario, como su labor de explicitación.