En azul Monserrat Parrondo reseñando a Kotler -ver texto completo pinchando aquí-
En naranja comenta Eduardo Serrano
Si de poder se habla habría que analizar situaciones concretas y comprobar esta idea con una investigación solvente manejando suficientes datos empíricos.
Porque siempre existe la sospecha, suficientemente comprobada con los hechos, de que hay una estrategia (casi al modo de Foucault) que persigue hacer creer al consumidor que mantiene el poder y la autonomía. Y naturalmente la mejor manera de hacer efectiva dicha estrategia es convencer de este mensaje a los mismos que la ejecutan, los que producen marketing.
Ya se ha dejado muy atrás el primero de los campos electivos, el que separa comprar y no-comprar; ahora el campo de decisiones se traslada a la elección del producto; el arraigo en este nuevo territorio se refuerza mucho cuando al cliente se le hace creer que es nada menos que coautor del producto, otorgándole una cierta flexibilidad de movimientos en un espacio que no deja de ser muy restringido, pues la decisión fundamental corresponde siempre al que tiene la iniciativa, en este caso evidentemente el que opera a través de la tecnología del marketing, tecnología que tiene como objetivo precisamente diseñar ese espacio en el que al consumidor se le otorga cierto protagonismo.
Una consideración antitética con la anterior tendría como antecedente las investigaciones de Michel de Certeau (La invención de lo cotidiano) en donde se muestra hasta qué punto el usuario esquiva las intenciones de los vendedores: “[...] no aparece como un ser inerme, sino como una audiencia activa -la gente no es idiota, advierte-, ya que desarrolla 'tácticas' de negociación en sus usos mediático-culturales, respuestas de contra-poder, prácticas furtivas, instancias de interacción social, bifurcaciones de libertad y supervivencia...” [http://www.infoamerica.org/teoria/certeau1.htm]
El marketing como una verdadera tecnología biopolítica que yo personalmente la interpreto como producción de territorio, de una nueva naturaleza donde se persigue la identificación subliminal de la mercancía con lo de toda la vida, un mundo que no se cuestiona y ni siquiera se percibe conscientemente.
El imaginario puesto a disposición del marketing se muestra muy potente, en algunos casos incluso reinventa ando las técnicas situacionistas de agitación y recreación del espacio urbano. Ver a tal efecto http://www.marketingvivo.com/
Pero la habitualidad es sólo uno de los polos utilizados por el marketing en el juego de la distinción, es el fondo sobre el que necesariamente aparece lo que se distingue y distingue a quien lo posee (prestigio, glamour, singularidad, rareza).
Una explotación deliberada de las redes sociales; pero a la vez una recreación de esas mismas redes: construcción de un territorio social, lo cual incluye relaciones de intersubjetividad.La palabra “juego” ha aparecido en otras partes de estos comentarios con un significado bastante diferente del carácter denotativo convencional del término aquí empleado; en cualquier caso este término, en su poliédrica acepción, define bastante bien el cambio de paradigma cultural que nos separa del capitalismo fordista.
Otro cambio importante se evidencia en el mecanismo de retroalimentación del proceso productivo y de venta. La producción de valor ya no se entiende que se limita al proceso de fabricación, sino que reside en el conjunto del mecanismo, del cual forma parte la subjetividad receptora del consumidor que es trabajada por el marketing.
Principio número 8: Desarrollar marketing de altatecnología
Mentalidad extractiva y colonialista, trascendentalista.
Mentalidad compositiva e inmanentista.
Sin embargo los dos principios ejemplificados por los tipos de empresas reseñados son caras de una misma moneda, la que nos ofrece el poder (en el sentido de Foucault), pero que tiene su expresión propia en las fórmulas capitalistas, tal como se comenta por el mismo autor.
Principio número 10: Mirar al marketing como un todo, para ganar de nuevo influencia en tu propia empresa
Imperialismo del marketing en relación con el resto de las actividades económicas; cuestiones de hegemonía interna en el campo del poder interno al capital.








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