jueves, 9 de febrero de 2012

Laboratorizar, precaución

[ la βo ra to ri 'θar ], [ pre kaw 'θjon ]

Durante mucho tiempo el éxito de un proceso de diseño se ilustraba mostrando cómo un garabato inicial en la servilleta de un bar, se había convertido tal cual en un edificio. Así se han transformado ciudades para recibir olimpiadas o se han modificado entornos históricos. Dentro de esta lógica, el proceso es correcto si, en el tiempo de desarrollo y construcción, nada se añade ni se modificaba de lo que el arquitecto creó en la barra de un bar o en el interior de su oficina. Vivir en la arquitectura consiste entonces en habitar el espacio de los hechos consumados.

Pero la arquitectura puede ser también un proceso de tanteos sucesivos. Un experimento colectivo, en el que cada momento sea una probeta en la que se ensaya lo que vendrá después. Y cada fragmento contiene la historia de lo que anteriormente se experimentó. Esto es lo que caracteriza a una parte importante de la arquitectura que en estos momentos se produce. Una arquitectura que no surge de acciones unitarias, grandes y rápidas, sino por cadenas de pequeñas acciones. Acciones más pequeñas, pero más pensadas, y pensadas por más gente. Es una estrategia para reducir el riesgo y operar con precaución, que convierte cada objeto arquitectónico en un archivo de lo que ya se ha hecho y en una probeta de lo que se hará.