[ ře a pro pja 'θjo nes ]
Construir ya no es lo mismo que edificar. Más importante que levantar nuevos edificios es reapropiarse de los que ya existen. La arquitectura actual ha aprendido de la ocupación. Acampa en lo que está disponible, casi sin transformarlo, simplemente lo pone en uso de otra manera. Esta arquitectura se hace incluso con tecnologías de papelería: cinta adhesiva, pintura o carteles. Ha creado una estética propia: la de la mezcla de lo encontrado y la acumulación como política. Pero es sobre todo una forma de desobediencia cotidiana a los discursos que los edificios contienen. No es la sustitución de lo que no nos gusta por lo que queremos, sino simplemente su desatención como estrategia arquitectónica. Podemos hacer teatro en la antigua cárcel, podemos jugar en la fábrica.
jueves, 9 de febrero de 2012
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