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Los ecosistemas humanos se dividen entre aquellos optimizados para una única realidad (como una cadena de montaje o el peaje de una autopista) y aquellos en los que conviven y se superponen actividades, generaciones, procesos, situaciones y sensibilidades diferentes. Los segundos son entornos preparados para el cambio y para articular la diferencia. Son enclaves resilientes, que se construyen con el encuentro de realidades diferentes que conviven en un mismo espacio. Si la metáfora de la arquitectura moderna europea fue la máquina; la imagen de la actual es la selva.
jueves, 9 de febrero de 2012
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